8 de febrero de 2012

Recuerdo 2

Estamos en Mayo del 2003, somos dos personas en un Transalp Honda, él conduce y voy como acompañanteapoyando mi espalda sobre los bolsos que llegan hasta mi cabeza y se apoyan en un parrila de unos 20 centimetros. Los dos llevamos cascos, y por vueltas el viento hace que golpéen nuestras cabezas una con otra, pasamos ya toda la llanura y empezamos a ver muy cerca la cadena de montañas al final de la ruta del desierto, el sol es también parte de nuestros abrigos, y empieza a cambiar el aire cuando nos hacercamos a Neuquén.

No tenemos pensado entrar a la ciudad pero encesitamos parar a tomar un cafe y estirar las piernas, llevamos hechos 400 km y nos queda otro buen trecho para llegar a San Martin de los Andes. Aparcamos la moto en una estación de servicio y bajamos por un café negro y corto, un poco de agua, un cigarrillo mientras nos comentamos un poco el viaje y programamos la llegada a San Martin. 
- No estamos tan lejos- me dijo, y mientras revivo esto tomo cuenta que he olvidado hasta su tono de voz- Vamos a estar llegando alrededor de las 8 de la noche al camping.
De vuelta a encerrarnos en los cascos, la parte de camino que resta es bastante transitada, y comienza la ruta de montañas. 
Pasamos Piedra del Aguila, un pueblo bastante chico donde la mayoria de los colectivos de larga distancia para para almorzar o cenar. La cinta asfaltica empieza a subir y a bajar a girar a un lado y a otro, los camiones de transporte que vienen de chile acostumbran a cortar curvas para no disminuir la velocidad, él tampoco lo hace, yo le doy "coquitos" en su casco para llamarle la atención, y ahi esta,  ocurre lo imprevisto un transportador de containers de Hamburgsud corta la curva junto con un bocinazo, él lo esquiva, la moto pierde la estabilidad y queda acostada a unos metros del risco, en un espacio que aparentemente se usa como mirador. Los bolsos se soltaron de la parrilla, mi pierna izquierda queda sobre la moto en el espacio que  se forma detras del tanque de combustible y el asiento de atras, es como una cintura.
 Él esta a unos metros, ya parado quitandose la tierra, mi sobre pantalones de cuero ( que me cubre del frio en las rodillas) esta roto, pero nosotros sin un golpe o rasguño. No dije nada, el tampoco, atamos el equipaje una vez mas, y volvimos a salir para que la noche no nos agarre en la ruta.
La velocidad ahora es menor y venimos haciendonos señas de los paisajes que cruzamos, son increibles, solo montañas y cada vez mas grandes algunas terminan esocondiendose detras de las nubes, que parecen estar casi sobre nuestras cabezas.
El aire se siente frio, pero exquisitamente puro, y ahi estamos casi a 60 Kilometros de San Martin, dejando atras Junin de los Andes, un valle entr montañas, una vista verde y por ocaciones blanca. Todo se siente tan limpio...
Es la noche de este lado de la montaña, y vemos las luces de nuestra primer parada, entramos por la Avenida principal que tiene un largo de 12 cuadras y se corta en el lago, damos una vuelta por la ciudad y terminamos en el camping de la entrada al pueblo. Desarmamos la carga y una vez que la carpa estuvo armada, salimos a comer.
Me tiro en el pasto, y veo hacia arriba, extiendo el brazo y formo un "agujerito" con mi dedo índice y pulgar de la mano derecha, cierro un ojo, y con el otro observo a traves de mi "telescopio", el cielo es super chico, lo aplastan las montañas desde cualquier punto, y si me paro y veo hacia el lago hay otro cielo ahi, con un muelle y algunas pocas embarcaciones durmiendo en la orilla. Las lucesitas descompuestas de la helada, se pierden apoyadas en las esquinas de las calles desorientadas que tienen las ciudades de montañas. Los dos estamos fumando, el humo se queda por unos instantes al lado nuestro para mas tarde desaparecer sin rumbo, sin brisa que lo aleje.

Volvemos a la carpa, esta justo al lado de un desaguadero de montaña, no hay otro ruido que no sea el del agua helada enfriando las piedras, la noche es mas oscura de lo que conozco, el aire super liviano, él se duerme, yo tengo una tasa de café en la mano que sirve de estufa para mis dedos y cuando el silencio se hizo insoportable sin querer me dormi.
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21 de noviembre de 2011

Linaje

Creo haber entendido el error tan claramente como saberlo dulcemente mío, donde llorar no es castigo y reír no es victoria. Un espacio vacío no es: Nada, sino lugar de mi ignorancia y donde la compañía deja de ser la percepción de lo cotidiano para encontrar así restos de mi alma, en lo que mundano, no tiene dueño.

A cada centímetro de suelo, y no importando ya a que distancia nos encontremos, sabes de mis angustias y predices mis alegrías, tanto, pero tanto, que  inválidas quedan las preguntas y, nonatas las respuestas, se funden en el segundo que nos miramos. Has protegido mi cuerpo del frío; mi alma, de los tormentos y mis pensamientos, de los vicios. Te “tuve” en mi vida cuando me sentiste tu propiedad, y a la espesa amargura que sirven los años nos entendimos diferentes y extraños, buscando diariamente el impalpable nexo que te hace en mi tan grande y me dibuja en ti eternamente aprendiz. Y aunque veas lo que de mí deseas, olvidando muchas veces que he crecido; aunque te observe “viejo”, olvidando tus sueños… Hoy te encontré en mis propias palabras:
Creo haber entendido el error tan claramente como saberlo dulcemente mío, donde llorar no es castigo y reír no es victoria. Un espacio vació no es: Nada, sino lugar de mi ignorancia y donde la compañía deja de ser la percepción de lo cotidiano para encontrar así restos de mi alma, en lo que mundano, no tiene dueño. Te agradezco la felicidad que provoca,
el enseñarme,
la virtud de amar.

Stauros

Hay una soledad que comparten los lirios con los poetas, y las madres  con sus almohadas. Una soledad que viaja entre tejados y servilletas de papel en un café, entre sustantivos y silencios de blancas y corcheas, un ánimo de necesidad en que despierta el alma, un infeliz segundo de conciencia en que queremos comprender lo que no aprendimos a percibir.
Un risco de intuición en que se cae la conciencia y se desabrochan los botones de la ropa ajustada, y se ponen pantuflas las ejecutivas y  sueñan con Milano los hippies cansados.
Allí, donde irrazonablemente se pierden en aeropuertos los amores encerrados y buscan alquiler los corazones no educados, es ahí donde cruelmente todo es intocable,
                         excepto tu mirada de sabía fresca y trigal soleado,                                           la última palabra que dijiste, el gesto que guardan tus ojos y hace de tu boca una pared en medio de nada.
En cada interminable soledad de éstas, sin jurisdicciones ni banderas, más que las que de  mí desconozco y por ello te hacen –y deshacen, cuando las olvido- nato cristal de libertad, de propiedad de mares, de extraño lastre entre mis manos que no te acarician y sutil esmero por conseguir un punto, donde igual se sientan tus raíces y las mías, aunque se sepan ajenas.

Después llueve, y cada gota retumba en mis ojos que lavaron congelados las ventanas…

… y el verbo, otra vez, se apaga en el sustantivo de tu nombre…

20 de noviembre de 2011

verde y azul

Quién hubiera dicho que detrás de tu mirada de amanecer de mar, se escondía la extraña dulzura de una timidez que suda las manos, un tic-tac de letras y besos que frente a tus ojos florece y se enreda a las paredes, al vacío del espacio, y me persigue trepándose a tu ausencia desde el instante en que te vas. De la melodía de vals de tu lengua, casi un susurro de plumas y sirenas, se enamoraron mis labios de guitarras y de vientos, como si no existiera la dificultad, como si fuésemos la propia naturaleza... se me brota el alma de sonrisas serenas, y se llena de sol un abrazo, y después llueve y la tierra revive el verde bajo los pies.
En la suave dulzura que nace de las auroras, se despertaron nuestras manos y descansando en los ocasos esperan con hambre de piel las caricias que vendrán.
MLS